miércoles 15 de octubre de 2008

Portada

sábado 11 de octubre de 2008

EDITORIAL

A nuestra amiga Anita Chang Ruiz,

en el recuerdo.


Oscar Wilde escribe en su prefacio del autor: la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto.[1] Sin el mínimo rasgo de la genialidad de Wilde, me obligaré una respuesta explicativa al por qué del surgimiento de este pequeño bosquejo artístico.

Todo ser humano, desde que nace hasta que se le olvida, mantiene una constante lucha interna que es visible en su mundo exterior: lograr que aquellas metas, que mejor llamadas son sueños, puedan tener el ligero aire de la realidad. En algunos casos, el logro; en otros, la amargura de lo nunca obtenido. El artista no es ajeno a este humilde trajín.

Muchas veces el artista es un creador; otras, un observador. Pero en esta observación intenta recrear un mundo ejemplar, único e irrepetible; busca el medio, la forma de dar vida o voz a aquellas voces que suplican libertad en los amaneceres del subconsciente, o de la razón, siendo la primaria razón la necesidad de lograr el cúmulo de acciones que disipen la bruma que es el imperfecto espacio donde se desarrollan y subsisten.

El arte es una virtud, una pasión, no una excusa de carácter aislador.

Para conseguir una descripción más exacta, nos centraremos en la realidad. Cobijando una tradición histórica, los nuevos grupos literarios surgen con diversas y significativas voces dentro de vertientes diferentes y bien demarcadas, muchos de ellos manejando la utópica corriente liberadora y otros tantos desbordando la conflictiva belleza del parnasianismo. Es aquí donde la duda surge y se bifurcan los debates en un hilo común, ya que el hedonismo vital de la juventud es, en ciertas ocasiones, un arriesgado vacío, mientras que el intento de cambio por medio de la protesta, una odisea con sabor a derrota.

El grupo literario “Pluma de Carne” evita una idea estigmatizante, albergando diversas voces, con una voz común: la difusión del arte en todas las expresiones posibles. La revista cultural es una de ellas.

Sirva esta moralidad para intentar alejar, de nosotros mismos, los imperfectos círculos de la vanidad y el ahogo.

El editor



[1] El retrato de Dorian Gray. Ed. Oveja Negra. 1986

Myrna Ruiz Quispe



PÁJARO

Eras y eres pájaro sin rumbo, sin vuelo. Llenas la vida de color pero andas en blanco y negro. Caminas sin prisa, buscando la salida del mar, buscando algo que te pueda llenar. Respiras aire melancólico, meditabundo estás al no hallar felicidad.

Pájaro del reír, vuela con tus alas enormes por el cielo azul, vuela por encima del océano y deja que sus olas te acaricien las mejillas y no llores más. Pasea por las nubes y que el viento te ayude a respirar. Canta, Grita fuerte y que en tu canto sientas que la vida no es soledad. Cree en ti, en tu aleteo vigoroso y rebozante y siente, siente y sólo siente que en tu andar dejas huellas en el mar.


NIÑA SONRISA

Imagino, solo imagino. Imagino ser niña por un momento, perderme de este mundo, de esta casa, ser yo misma.


¡No puedo! La realidad me va aplastando, me reduce, ya no soy yo. ¿A dónde te fuiste? Estoy adormecida, sedantes antisueños corren por mi cuerpo y llegan a mi pecho.


Besos repartidos, ruegos compartidos, órdenes impartidas me quitan lentamente la vida.


¿Por qué lloras?


Una niña que con su sonrisa borra todo mi sentir. Me da un beso y ya no soy de aquí.


Telaraña, telaraña, besos asfixiantes, no me muevo, ya soy otra.


Máscaras, máscaras, me las quito en las noches, me cuesta sonreír.


Tu palabra es mi cárcel, ¡Córtate la lengua!


Déjame imaginar mirando la ventana donde corre la niña que me tiende la mano.


Imagino, solo imagino. La niña me ronda, es parte de mí. Sonrisas verdaderas, abrazos que me llenas, dulzura acogedora, caricias de olvidar, una mano extendida y suave me coge el alma y ya no soy de aquí.

Erika Ramírez Avalos

I

TÍTERE

El ser humano se caracteriza

por poseer libertad,

libertad para hacer

de su existencia algo mejor.

Sin embargo, yo perdí esa condición.

¡Dame vida!

¡Necesito de ti!

¡No me abandones!

¡Mírame! Aún estoy aquí.

No me deseches de tu vida

como si ya no valiera,

aún te sirvo,

¡Vamos! Tómame en tus manos,

tócame, desnúdame, desármame,

haz como siempre

lo que quieras conmigo.

Dame esa droga maldita

de tus caricias,

embriágame con tu éxtasis

hasta llegar a una sobredosis,

una sobredosis que me quite el aliento

y este amor que siento por ti,

que me quite la vida, esta vida

que quería sólo vivirla junto a ti.

Ahora soy sólo un títere,

un títere del destino,

un títere de esta negra vida,

un títere de tus manos

y de un libreto

que ya llegó a su final.

Soy un títere,

que por su condición

no reclama libertad,

sino sólo te pide

una función más.

¡Libertad! ¿Para qué?...

felicidad.

Por favor:

II

AMOR ENFERMO

Déjalo que se vaya ¡déjalo! Ya no quiere estar más. No lo llames, no lo busques; ya no lo fuerces. Sólo déjalo ir, sólo déjalo morir.

No te imaginas cómo me hiciste falta, tanta falta como el agua al cuerpo, como el aire al alma.

¡Qué pasó! ¡Qué nos pasó! El amor se nos enfermó. Se enfermó de tanto placer, de tanta pasión, de tanto condimento y de tantos excesos. Dejó de disfrutar los ricos manjares de la buena cocinera, y tuvo que saciar su hambre con horribles comidas, que se convirtieron en sus dietas del día.

El rencor le invadió el alma, el carácter se le irritó, ¡pobre cocinera!, al quedarse solo y abandonado, con ella se desquitó.

Ahora yace en su lecho como un fósforo prendido apagado por la lluvia. Llora y sufre, sufre por los recuerdos de antaño, recuerdos de los siglos de oro que hoy se le convirtieron en eternidades de tortura.

Pobre moribundo que ha descubierto que hasta el recuerdo de los placeres tiene su dolor y el recuerdo de la alegría su amargura.

Sólo quiere dormir, sólo quier olvidar, sólo pide un jacinto amigo que lo ayude a soñar.

¡Qué pasó! ¡Qué nos pasó! El amor se nos murió.

¡No! ¡Mentira! Lo asesinamos los dos.

Lunha

A.M.

puntos suspensivos en un café

es indispensable tu hipócrita sonrisa

para mantenerme aquí

aún así subo y subo

y de tanto comer nubes (indigestión)

tu soberbia nuclear

hacen imperceptible tus abrazos

imperceptible tú

cierro la puerta

no quiero dormir


ESTOY AQUÍ…

Estoy aquí

Lo sé

Pero estoy cansada

Una cruz medieval

Me ha cortado la yugular

Connota amor connota dolor

Y después de haber gastado sudor

Me impresiona el espacio tan hondo

Sideral

Con mis lagrimitas acostumbradas

Después de esto

Silencio sincero

Acueducto de mi angustia

Que nunca sonríe

Especial humano.


EL ASTRO REY

el Sol

la Sol

te siento tan femenina

como mis dos senos candentes

en intenso verano

como mi sangre remembrando tu olor

como la piel de la terrenal naturaleza

te siento

acaso ¿no es femenina?


P.M.

ya es tarde y he parido

un miedo con ojos brillantes

creo que lo amo

pero ya no me duele

mi angustia

es un perfume

es un perfume de mujer

aun desnuda

ojos brillantes

mutismo

no tengo tiempo

estoy cansada

siempre

cierro la puerta

pero los ojos siguen allí

(*) Todos los textos de la autora son extraídos del poemario inédito:

He parido un miedo

LOS INQUILINOS DE PAPÁ


Por Ricardo Calderón Inca


El minutero avanzaba grandemente y se acercaba la hora del momento final, no existía objeción alguna por cada integrante de la mesa, cada quien tenía que hacer lo que “comúnmente” se respetaba en la casa. Cuando todo estaba establecido, se esparcía en el lugar un soñoliento silencio que simplemente acogía a la familia y a cada inquilino presente (aunque casi nunca se dejaban ver). Se apagaban las luces aproximadamente a las diez de la noche, debido a que el patriarca acostumbraba a repetir en cada noche, palabras con honda presura: “mañana tienes que estudiar, así que descansa temprano, yo por mientras me encargo de tu hermana.”

Efectivamente, todas las noches mi padre Ramón hacía descansar a Lucero, porque al parecer suyo tenía pesadillas y soñaba con los monstruos debajo de la cama, por mi parte creo yo que eso son tonterías, ya tiene nueve años como para estar pensando en cosas de niñitas, debe aprender de mí, ya soy todo un hombre, he cumplido trece años. En la casa habitaba mi padre, mi hermana y yo, aunque por las noches hay ciertos señores y señoras que habitan el segundo piso, es el cuarto de mi madre. Había fallecido hace cinco años, yo aún siento su presencia, la recuerdo; me divertía con su mirada, me compraba helados, me sacaba a pasear fuera de casa, pero a veces enloquecía, me daba miedo, a Lucero la calateaba en medio de la sala y le echaba agua fría para que dejara de llorar; a mí me amarraba con alambres en las manos, según ella para aprender a comportarme y respetar a mi padre que llegaba arrastrándose a la casa durante las madrugadas; yo la entiendo muy bien, ella quería protegerme, lástima que después de esa noche no la volví a ver más. Como dije, ya todo era totalmente silencio y además todos estaban acostados y creo que yo era el único que se mantenía despierto. Por momentos me entraba la curiosidad de saber quiénes eran esos tipos y tipas que habitaban en lugar de mamá, naturalmente sentí una corazonada de que ellos hacían algo incorrecto; sin embargo, sólo era eso, nada más que una simple intuición. Nada malo podría ocurrir arriba, mi padre puede ser grosero, borracho, usurero, pero no malo y deshonesto. Que yo recuerde, no nos pegaba: “Carajo, no les he dicho par de mierdas que no jugaran alrededor de la mesa… quieren que les bañe con agua caliente mocosos mal paridos…”

Es muy bueno mi padre Ramón, no pretendía hacerle daño con mis cosas de adolescente, con las preguntas tan fueras de lugar, ¿Qué es el sexo?, ¿Qué significan las drogas?, ¿Qué es el sida?, ¿Puedo enamorarme de mi amigo Alonzo? Yo sólo quería saber quiénes eran los inquilinos de la casa. Me levanté despacito, despacito para que papá no se diera cuenta de que quería espiar a sus amigos “hijos de perras”, porque así los llamaba, hijos de perras, yo no entiendo qué quiere decir con eso, de repente conoce a sus madres, deben ser malas madres, quien sabe, aunque hay momentos que observo entre sus labios una gran satisfacción y a la vez una cólera tan dura cuando lo grita fuertemente.

Me coloqué mis pantuflas de conejo y caminé lentamente hacia el segundo piso; escuchaba algunos quejidos, creo más bien que eran gemidos, lo digo debido a que parecía una especie de alegría o algo así.

Cuando me dirigí hacia las gradas de la sala, mis manitas comenzaban a sudar frío, mis pelitos se ponían en punta, era delicioso. Por ratos volteaba a ver si alguien me seguía los pasos, desde que mamá murió tuve siempre esa sensación, de que alguien me estuviese observando las espaldas, sin embargo no había nadie y proseguí caminando hacia los cuartos.

Qué cólera, como era de esperarse el cuarto de mamá se encontraba cerrado, no puedo ingresar así no más, ahora no hay cómo saber qué ocurre por dentro. Casualmente había un agujero debajo de la puerta, así que me asomé a ver. Los señores y las señoras estaban desnudos, seguro que así se acuestan para dormir el uno con el otro, yo a veces hago lo mismo, debe ser para darse abrigo, y es que hace un frío intenso. Eran las doce de la noche y seguían despiertos (¿acaso no tenían sueño?).

Deben ser buenos amigos entre ellos, él señor gordito le presta a su mujer mientras que el otro hace lo mismo y la va tomando de la cintura. Empiezan por hacer cosas extrañas, no puedo ver muy bien por este agujero, quizás si me dejaran entrar podría practicar con ellos y hasta acompañaría al gordito para ayudarle con su trabajo corporal, sí, el que está encima de la señora, supongo que debe ser esposa del otro señor. Mientras ellas se mueven encima de ellos, los señores van sacando una bolsa negra pero blanca por dentro, realmente parecen ser limpios porque van rociando por todo el lugar talco, será acaso que pretenden dejar el cuarto como la casa de Diosito, deben estar preparando la llegada de mamá, por supuesto, ellos desean que mamá regrese por mí y por Lucero o al menos regrese a visitar a papá. En verdad qué buenos son los inquilinos de la casa. Qué extraño, de pronto comienzan a comer el polvo y no sólo es eso, sino que empiezan a meterlo por la nariz, hahaha… qué inocente que soy, cómo va ser talco, eso se llama harina, pero lo que no entiendo es por qué se lo meten a la nariz.

Pasaron más de cuarenta minutos y el niño aún seguía mirando las atrocidades que cometían los señores, los cuales se quedaron dormidos al igual que Danilo, salvo que éste despertó antes que ellos.

¿Qué sucedió?, ¿qué hago tirado en el suelo?, ah verdad, estaba observando cómo se divertían los amigos de papá, voy a ver qué pasó con ellos. En definitiva los señores y señoras, como los llamaba Danilo, habían quedado exhaustos en medio del cuarto. Entonces aprovecharé y abriré la puerta para probar esa harina que aún sobra en la bolsa negra. Sabe raro, haber más, ¡¡¡agggg!!!, está amargo, no se parece a la harina que utilizaba mamá para hacer los pasteles, de todos modos eso no importa ahorita, con tal de que vuelva mamá, todo esta permitido.

El jovencito bajó al primer piso tropezando con las cosas del cuarto, la pequeña dosis de cocaína le había hecho efecto tan rápido que no podía mantenerse de pie por largo rato y mucho menos observar con claridad los objetos.

Me siento muy extraño, no puedo caminar sin estar cayéndome a cada rato, será mejor que me vaya a mi cuarto antes que papá despierte, pero primero pasaré por el cuarto de mi hermanita Lucero a ver si ya se durmió. Danilo al entrar al cuarto de su hermana observó algo aún más extraño que lo que había pasado con los inquilinos, observó a su padre sin ropa encima de la cama de Lucero, mientras ella, desnuda, lloraba en la esquina del cuarto sin consuelo. ¿Y mi hermana?, ¿dónde está?, ahahahah… acá estás hermanita, ¿por qué estás llorando?, ¿acaso mi padre te pegó?, no seas tonta él nunca te haría daño, más bien vamos arriba, al segundo piso, los inquilinos han preparado un lugar especial para ti, hoy vas encontrarte con mamá, mañana seré yo y pasado papá, ah pero eso sí, hazme un favor hermanita, no le digas que estuve despierto toda la noche, quizás ella se enoje conmigo.



[1] Con este cuento, el autor recibió una mención honrosa en la IV Cuentatón de Lima, 2007, organizada por la Municipalidad de Jesús María. La convocatoria fue a nivel nacional.

LA DESPEDIDA

Por José Albites


Yo no sé, gritó el hombre cuando la vio jugando en su habitación. Tenía los ojos grandes, la mirada vacía y miserable.

Debo ignorarla, pensó.

–¿Por qué no quieres hablarme?, ¿por qué me ignoras?, ¿acaso tu existencia no es un constante quehacer de vanidades, un sin número de relaciones en los que elegir y ser amable con el forastero se dibujan en tu rostro con la ingratitud de la decencia?... ¿acaso me temes como la multitud?

El hombre, atónito, inquirió con la misma certeza de la duda:

–Estoy condenado a construirme cada instante, a tener que elegir y fallar, aceptar con responsabilidad lo que elija.

Yo sé que no me tienes miedo, dijo ella, serena y amable, con un pequeño sentimiento de culpa, ¿sabes?, soy tu complemento, coexisto en tu almohada cuando murmuras el sueño, y es cuando sueñas que te percatas de mi presencia.

Intentó el bosquejo de alguna serenidad. Escapar, donde mi relación con el infinito no exista, dejarla sola, huir, pero en este pensamiento, cuando la soledad se abrió paso sin remedio hacia el espejo de su nombre, halló la respuesta: No existe para el hombre la mínima libertad.

Callado, con un vacío donde cabe la silueta del corazón, el hombre no pudo eludir su extraña responsabilidad: ser cobijo y abrazo de aquella oscura dama… aceptarla así, dolorosa y amiga, sin temor ni presagio del olvido, sólo consentir lo veraz de lo futuro, la perfecta armonía de los días venideros.

Sólo tengo una duda, dijo la muerte, ¿te gustaría que todo el tiempo culmine en un suspiro?

AL DESPERTAR


Por José Carlos Mendoza

Jorge se despertó agitado, estaba sudando y sintió un miedo terrible que se extendió desde su pecho hasta todo su cuerpo, lo sintió más terrible cuando el miedo tocó sus uñas. Miró a su costado y vio que ella estaba allí, no la había perdido, todo había sido un sueño, un sueño nada más. Se sintió aliviado, miró hacia su alrededor y vio que aún no amanecía, se metió debajo de la frazada y la abrazó, ella respondió, se presionó sobre su pecho y siguió soñando. Jorge la miró y trato de volver a dormir.

Sus vidas se habían unido, por así decirlo, ya hace tres años atrás. María estudia en la misma universidad donde estudiaba Jorge, estaban en la misma facultad, la misma carrera, pero él llevaba un año adelantado. Jorge ya estaba en el penúltimo ciclo cuando la vio, ella había llegado por traslado de otra universidad, él lo sabría después. No se enamoró a primera vista, aunque le pareció muy bella, pues era un tipo que pensaba que el verdadero rostro de las personas se ve cuando se les mira con los ojos cerrados. La conoció por medio de una amiga, María había buscado conocerlo con la intención de que la ayudara con un trabajo, él acepto gustoso y muy a pesar de lo que pensaba se fue enamorando de ella.

La vida de Jorge cambió desde entonces, ya no podía concentrarse, empezó a descuidar sus estudios, no podía avanzar en su tesis, sólo se preocupaba por que le dejaran trabajos a María y así poder ayudarla, verla, conversar con ella, saber cómo estaba, en fin, respirar algo de su aire.

No sé cuándo Jorge, estando con María, le cogió las manos, le dijo Te quiero, Y yo a ti, Pero te quiero para mí, estoy enamorado de ti, me enamoré de ti ya hace tiempo pero no tenía valor para decírtelo, Jorge, yo no sé que decir, también te quiero pero, Pero no importa, yo te quiero lo suficiente para poder hacer que me llegues a querer tanto como yo a ti, ¿quieres ser mi enamorada?, Sí, dijo María después de un breve silencio, ella sonrió, él ya casi lloraba. Jorge la abrazó y la besó, se besaron, se fueron caminando juntos, él estaba contento, había dado muy bien su examen, pudo mostrar un avance de su tesis a su asesor y María aceptó estar con él. No pedía más.

Jorge logró graduarse y consiguió trabajo pronto, y así como lo consiguió decidió que ya era hora de ser independiente, alquiló un departamento con opción de compra. Pensó que ya era el momento de proponer a María que la relación pasara a otro plano, ya era un año y todo había pasado muy bien y a su tiempo, se querían y él podía ya mantener un hogar, por qué entonces no proponerle la convivencia.

Cuando se encontró con ella, él fue a buscarla a la universidad, se la llevó a almorzar, el ceviche lo sintió muy picante, el pato guisado algo insípido, a la limonada le faltó azúcar, pero no sabía cómo decirle a María que después de ese tiempo ya es hora de formalizar, Ya tengo capacidad para mantenernos, no dependerás de mí, claro, te ayudaré, mi amor, esto es muy importante, sí, el matrimonio, lo sé, pero quisiera que primero nos conociéramos en la convivencia, es decir más, te amo y eres muy importante, qué dices. María lo pensó, su tenedor subía lentamente el trozo de lomito saltado, lo detuvo antes de que entrara a su boca, lo miró, Sí, tienes razón también te amo, vamos a vivir juntos, dijo. Jorge le cogió la mano y la miró como él creyó que nunca la había mirado, terminaron de almorzar y fueron al cuarto de María a preparar todo para la mudanza. Ella no tendría problemas, su familia vivía en el sur y a su debido tiempo se enteraría, pero lo entenderían, pues Jorge ya conocía a la madre de María en uno de sus viajes que hizo para ver cómo andaba la hijita, qué hacia, cómo iba en los estudios, en uno de esos, Jorge conoció a la mamá de María y se llevaron bien.

Al día siguiente todas las cosas de María ya estaban en el departamento de Jorge, si bien no muy ordenadas pero estaban, y eso era lo importante, sus vidas cambiaron, cada uno tenía hábitos que el otro iba descubriendo conforme pasaban los días, a veces se sorprendían cuando descubrían algo nuevo o simplemente reían, como la vez que María descubrió que Jorge también escuchaba la misma emisora romántica que ella, pero mientras ella lo escuchaba para soñar despierta, él la oía para poder dormir a causa del aburrimiento. Pasaron momentos muy buenos, se lograron comprender y aprendieron a convivir conociéndose mutuamente y logrando convencer a los padres de María que se querían y deseaban formalizar. María ya estaba a punto de graduarse y él había ascendido rápidamente en el trabajo, así también le iba preparando un lugar en la empresa donde trabajaba. Ella estaba tranquila y podía desenvolverse normalmente en los estudios, estaba mentalizada en acabar la carrera, en cuanto a hijos, ambos pensaron que aún no era el momento, mejor era tener una buena solvencia económica para poder no sólo pensar sino también tenerlos. Jorge estaba tranquilo, todo lo había pensado como lo quería, estaba con la mujer que amaba había logrado graduarse y tenía un gran empleo, todo era magnifico. A pesar de todo, no entendía por qué esta noche había soñado eso, ella estaba a su lado, era una pesadilla, la abrazó y sintió los brazos de ella atraparlo, entonces siguió durmiendo, cuando de pronto sonó el despertador.

El despertador sonó a las siete de la mañana, Jorge presuroso se levantó, miró el reloj y salió de su cuarto corriendo, fue a la cocina, encontró a su madre y pidió que le hiciera el desayuno. De vuelta en su cuarto, mientras se vestía para ir a la universidad maldijo ese día, tenía que dar un examen para el cual no había estudiado, un avance de tesis que no había preparado y quién sabe si María lo acepte cuando él le declare su amor. Mientras le daba los últimos toques a su presencia, oía la emisora romántica que normalmente sintonizaba para poder dormir, pero ya no le causó aburrimiento, lo hizo soñar despierto.

EL SILENCIO CREATIVO DE LUIS EDUARDO GARCÍA


Por Oscar Ramirez

El día jueves 10 de abril, se llevó a cabo en el Centro de Convenciones del ICPNA un encuentro de narradores jóvenes de la costa norte del Perú, titulado La Nueva Marea del Encanto, el cual congregó a delegaciones de Tumbes, Piura, Lambayeque y de nuestra ciudad, con la única finalidad de estrechar lazos entre los jóvenes participantes y crear un ambiente de camaradería entre las nuevas voces que surgen en el apasionante desempeño de lo literario. A dicho evento asistieron reconocidos escritores de la región. Luis Eduardo García fue uno de los invitados. Una vez terminado el encuentro, le solicitamos un pequeño momento para conversar; accedió de manera cordial y este es el resultado de dicha conversación.

Oscar Ramirez.- Esta es una pregunta típica y siempre formulada, pero la considero un tanto necesaria: ¿qué es para usted el arte de escribir?

Luis Eduardo García.- Como dices, la pregunta ha sido hecha tantas veces, y la respuesta ha sido dada también tantas veces, que cualquier respuesta ahora resultaría hasta resobada y perdería su fuerza original, sin embargo debo decirte que escribir es mi forma de vida, es un estado de identidad y una forma sincera de asumir las limitaciones que se nos presentan; la literatura te permite hacer, hasta cierto punto, más interesante las cosas que, por lo general, son aburridas… bueno, pero en general, escribir es para mí como respirar…

O.R.- ¿Una especie de liberación?

L.E.G.- Digamos, porque la literatura es todo, representa en cada etapa de la vida un todo, una parte, por ejemplo: cuando eres joven, la literatura significa, probablemente, una pasión desbordante; cuando van pasando los años, y te vuelves más sereno, la literatura es una forma de conocimiento, de contemplación; más adelante, puede ser como una forma de vida… por eso digo que es todo, pero en cada etapa de la vida va significando un aspecto, una aspiración.

OR.- Bajo este criterio, asumimos que la literatura define etapas en la vida del escritor, entonces, desde el 85, año en que usted ganó el Premio Poeta Joven del Perú con Dialogando el Extravío, hasta el día de hoy, ¿qué tipo de evolución ha habido en su literatura?

L.E.G.- Bueno, yo he dejado de publicar poesía hace quince años.

O.R.- Estamos hablando de poemario Confesiones de la Tribu.

L.E.G.- Claro, ese poemario fue el último, luego publiqué un libro de cuentos (Historia del Enemigo) y después un libro de ensayos y entrevistas.

O.R.- Se refiere a Tan frágil manjar.

L.E.G.- Exacto, luego ha habido un silencio largo, actividad creativa por momentos, pero ahora tengo un libro que saldrá en julio y que tiene el nombre provisional de Teorema del navegante, y que será editado por Mesa Redonda; además, dentro de quince días, en Lima sale un libro de cuentos, que se llama El suicida del frío, en editorial Zignos, y claro, hay un cambio evidente, cambia el ser humano, cambian ciertas formas de escritura, pero en esencia creo que sigo siendo el mismo.

O.R.- ¿Y a qué se deben estos silencios creativos?

L.E.G.- Creo que es una especie de recogimiento necesario, cuando uno es joven quiere publicar todo, es impetuoso, vehemente, pero conforme pasan los años te das cuenta que no todo lo que uno escribe debe ser publicado, hay que guardar un silencio prudencial, hay que llegar hasta un cierto estado de sabiduría.

O.R.- Hay que recatarse, digamos, no aventurarse sin la convicción de la seguridad.

L.E.G.- Sí, no hay que apurarse, escribir mucho no significa en realidad nada, publicar mucho, tampoco, hay que publicar cuando creamos que lo que se ha hecho vale realmente la pena, pero tampoco hay que caer en la aridez absoluta de que por un afán perfeccionista, uno no llega a publicar nunca.

O.R.- Siendo así, y con el surgimiento de las voces jóvenes que intentan llenar aquel vacío que van dejando los años, ¿cómo ve usted el nuevo panorama de la literatura liberteña?

L.E.G.- Mira, en realidad no he seguido con mucha atención lo que se produce últimamente, y creo que estoy haciendo lo mismo que hizo la gente de mi edad cuando yo tenía la edad de ustedes; se escribe mucho y se publica poco, pero en general te puedo decir que, y aunque suene muy duro, el ambiente es bastante mediocre, muchas veces las aspiraciones del escritor son muy cortas, muy limitadas… no hay que mirar la literatura con ojos de provinciano, hay que mirar la literatura con ojos de universalidad, hay que aspirar a leer en otras lenguas…

O.R.- Usted es amante de la literatura de Pessoa.

L.E.G.- Así es, y llegué hasta Lisboa para conocer su casa, por eso digo que hay que generar un carácter más abierto del escritor para el mundo, hay que viajar más, crear mercados y circuitos más interesantes.

O.R.- Surge ahí la necesidad de crear editoriales más abiertas.

L.E.G.- Exacto, no hay que contentarnos con los libros editados de manera tan artesanal, sin una buena distribución, hay que ser más exigentes con nosotros mismos, hay que exigir también que los editores de libros sean más agudos…

O.R.- Que no se preocupen sólo de publicar, sino también de difundir.

L.E.G.- Y no sólo eso, sino que las publicaciones deben estar acompañadas de un aparato crítico que vaya vigilando qué es lo que está sucediendo y como esto va evolucionando; pero creo, en términos generales, que la poesía ha ido más lejos que la narrativa, hay un atraso, eso explica por qué no se publican muchos libros de cuentos, creo que los poetas han llegado más rápido a la modernidad que los cuentistas, en un sentido, yo no digo que hayan jóvenes que estén escribiendo de manera muy moderna, sino que en términos generales, por lo que se ve, no hay casi libros de cuentos publicados.

O.R.- Es, tal vez, por un hecho tangible de que no hay una evolución temática en lo que se escribe.

L.E.G.- Puede ser eso, pero creo que la poesía ha llegado más rápido a la modernidad que el cuento.

O.R.- Ha encontrado una mayor evolución en la poesía que en la narrativa trujillana.

L.E.G.- Tengo esa impresión, no lo he podido comprobar, pero por lo poco que he leído tengo esa impresión, aunque no puedo dar un veredicto final por el número de libros de poesía que se publica que es mucho mayor al de cuentos, sino porque los cuentos que he leído publicados arrastran ciertos estigmas indigenistas, en muchos casos es una temática que ha sido superada, es verdad que hay jóvenes que tienen una gran influencia de Cortázar, Borges, y de todos los narradores latinoamericanos posteriores al Boom, sin embargo no noto que hayan llegado más lejos, que hayan evolucionado, que la modernidad haya entrado con mayor fuerza a la narrativa.

O.R.- No han conseguido una voz propia dentro del grupo cultural en que se desenvuelven.

L.E.G.- Claro, pero tampoco hay un número suficiente de narradores para que generen un movimiento intelectual de mayor envergadura… esto va a suceder, estoy seguro, cuando exista, o tal vez ya existe, una generación que empiece a generar aquellos cambios en la narrativa.

O.R.- En una entrevista, Mario Vargas Llosa comentaba que la literatura peruana, en general, está en su mejor momento porque viene arrastrando el criterio de la post-guerra que se desarrolló a finales de los años 80’ y principios de los 90’ contra el terrorismo, ¿considera que este es un hecho decisivo para la literatura peruana o regional?

L.E.G.- Considero que es un hecho que articula a la literatura, hay periodos en que la literatura se mira así misma, pero hay periodos en que la literatura empieza a mirar el entorno, la realidad social, y eso es lo que nos está pasando ahora; se están escribiendo novelas y libros de cuentos cuyo eje central es la guerra que sufrió el Perú en la década de los 90’; este es un tema motivador, un hecho real que articula la creación misma… claro, habrá que ver los resultados de aquí más adelante, pero creo que hay unas voces muy buenas y que destacan nítidamente, como es el caso de Daniel Alarcón, el propio Alonso Cueto, o Roncagliogo, que ha hecho de la guerra contra Sendero (Luminoso) el tema central de su novela Abril Rojo, pero hay otros escritores en el interior del país que se han ocupado del tema, pero que no se les ha dado la importancia del caso…

O.R.- Por el problema de las editoriales y la difusión.

L.E.G.- Y porque viven en provincia, porque publican en editoriales cuyos libros no circulan casi, porque la recepción de estos libros que se publican son muy pobres, y porque no hay una caja de resonancia periodística ni menos crítica.

O.R.- Sucede como una especie de hermetismo en el criterio de publicación.

L.E.G.- Es que lo que hace la literatura es repetir un viejo mal que existe en el Perú, el centralismo, pero hubo momentos en que la literatura ha logrado remontar estas diferencias, recuerda que hubo un periodo a comienzos del siglo XX en que el eje gravitacional de la literatura peruana se traslada al interior, a las provincias; luego este eje, acuérdate del Grupo Norte, y otros grupos más del interior del país, es retomado por Lima, y podría ser que, en un futuro no muy lejano, el eje de la literatura peruana se traslade al interior del país, lo cual es muy probable y sería, a la vez, muy interesante.

O.R.- Ya que menciona el centralismo, sucede que entre los narradores, especialmente, se ha venido realizando a través de los años una suerte de disputa, una discusión demarcada entre los criterios categóricos de escritura, creando dos grupos: los criollos y los mestizos. ¿Cree usted que este conflicto ha mellado en la evolución creativa y temática de nuestra literatura?

L.E.G.- Esas son discusiones circunstanciales, la literatura es una sola, y la preocupación de los escritores debe ser escribir bien y ser fiel a sus llamados internos, a sus demonios interiores; los grandes debates son siempre positivos siempre y cuando empujen la literatura hacia delante y no se queden en una simple discusión de nombres o etiquetas, porque eso ha pasado, en buena cuenta, con la vieja discusión entre criollos y mestizos, pero ese debate no hace sino expresar una dicotomía y un divorcio que sufren las sociedades en su conjunto; no es este el objetivo de la literatura, en general, sino que esta es una división de la sociedad peruana, pero considero que el principal objetivo del escritor del escritor peruano debe ser el escribir bien.

O.R.- Bueno, esta es una pregunta más como de confesión, ¿en cuál de los géneros o variantes literarias se siente usted más libre?

L.E.G.- Todo me atrae, yo comencé escribiendo poesía, luego publiqué dos libros de cuentos, pero también soy periodista, y es un cosa que con el tiempo he ido queriendo… creo que me siento bien en todos lados, los géneros finalmente no hacen nada, no son compartimentos excluyentes, al contrario, yo creo que en un buen cuento puede haber muy buena poesía, y un poema puede estar escrito en una muy bella forma de narración… en lo que yo creo, en general, es en la literatura, pero si hay algo que despierta una particular pasión en mí, es la poesía.

LUIS EDUARDO GARCÍA. Poeta, narrador, abogado y periodista reconocido a nivel nacional. Enseña Periodismo Literario y Fundamentos de Periodismo en la Universidad Privada del Norte de Trujillo, ciudad en la que reside desde hace 20 años.

Es autor de los poemarios “Dialogando el extravío” (1986), “El exilio y los comunes” (1987) y “Confesiones de la tribu” (1992); del libro de cuentos “Historia del enemigo” (1996); y de “Tan frágil manjar” (2005), libro de entrevistas, ensayos y crónicas. En 1985 ganó el VI concurso El Poeta Joven del Perú. Mantiene desde 1986, una página de reseñas y comentarios literarios en el suplemento dominical del diario La Industria.

Colabora de la misma forma en distintos diarios a nivel nacional, como “El Peruano”, “La República”, “El Comercio”; diversas revistas, como “Debate”, “Etecé”; y el suplemento cultural “Lundero”. Además, es miembro del comité editorial de la revista cultural “Día 30”.

viernes 10 de octubre de 2008

BIBLIOTECAS PARA UN MUNDO SIN LECTORES


Por Luciano Rodríguez Flores

Concebimos la biblioteca como una herramienta clave para el desarrollo académico de los estudiantes universitarios, de modo que no es un soporte necesario para la enseñanza, sino el centro de la misma, basada en los conocimientos básicos y esenciales sobre los que descansa nuestra cultura y, no en menor medida, sujeta a todos los cambios que, de manera imparable, son el denominador común de nuestra vida actual.

Sin embargo, la mayoría de usuarios no la conciben de esta manera, sino como un lugar para hacer tareas, conversar de asuntos no académicos, comer y dejar basura en las mesas y el piso, o, en el último de los casos, sólo acceder a ella para sacarle copia a algún libro donde se halla el eventual tema requerido, lo cual sólo sirve para complementar la información obtenida de internet, limitándose de esta manera sólo a temas que piden los docentes, cuando el estudiante debe ser, por naturaleza propia de educación y convicción, un investigador.

De un tiempo a esta parte, la gran mayoría de las bibliotecas han sido lentamente desplazadas por la modernidad, siendo el caso más palpable, sobre todo en la juventud, el internet. Si bien es cierto facilita información y uno que otro dato investigativo, no siempre esta fuente es cien por ciento fidedigna, ya que en algunos casos se han detectado fraudes y mal empleo de información por parte de páginas con contenido educativo. Es aquí donde los libros juegan un papel importante, ya que sugieren y concretizan certeros datos informativos, necesarios para toda investigación de calidad.

En los años que llevamos de estudiantes en la Universidad Nacional de Trujillo, hemos sido testigos del desarrollo y progreso de la biblioteca de la Especialidad de Lengua y Literatura, proyecto formado por el departamento de Letras y que, a pesar de pequeños inconvenientes pasados, viene siendo un medio utilitario sumamente importante para los estudiantes, sin distingo de especialidad o facultad distributiva. Pero al margen de los logros y beneficios, sería necio admitir que todo va viento en popa. Siendo el escriba de este texto miembro de la comisión que se dedica a la atención de la misma, observo diariamente que los estudiantes universitarios muestran un desinterés total por la lectura; pocos son los jóvenes que la visitan con la primaria necesidad, los demás, sólo lo hacen como vagos turistas, exclusivamente cuando tienen trabajos finales de algún curso o para buscar alguna bibliografía. Fuera de estos pequeños destellos de obligada utilidad, la mayor parte del tiempo, la biblioteca de la especialidad se encuentra vacía, sin lectores.

Actualmente, y para beneficio de muchos y manejo de pocos, la biblioteca de la especialidad de Lengua y Literatura consta con más de mil libros entre obras literarias y libros de estudio. Además, cuenta con libros y revistas culturales de la biblioteca itinerante del Centro Cultural de España (C.C.E.). Todo este material bibliográfico para un mundo sin lectores.

Con la actitud de un joven inconformista, Sócrates solía recorrer la plaza del mercado de Atenas interrogando a las personas que encontraba a su paso. Decía: “Atenas es un caballo perezoso, y yo, un tábano cuya misión es despertarlo y mantenerlo vivo”. Con la fe o aquella esperanza que se dibuja en los rostros que miran el futuro como un lejano pero armonioso sueño, logremos que los libros sean para los estudiantes como tábanos que zumben furiosos en el oscuro paisaje de lo literario, de la curiosidad y del intelecto, para que mantengan vivo y en constantes jolgorios el verdadero sentido del estudio frente a la marea incomprensible de la existencia.

HAPPINESS IS A WARM GUN

Por Gonzalo Del Rosario

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The Beatles fue el nombre del álbum que la banda sacó a la venta en diciembre de 1968. Mayormente conocido como el “White Album”, no sería otra cosa que el comienzo del final.

En este disco dejaron de lado la experimentación del Revolver (1966) y Sgt. Pepper’s lonely hearts club band (1967) para regresar a sus raíces rockeras, bluseras y gritonas, aunque no por ello dejaron de grabar temas extraños. A decir verdad el “White Album” es el más variado, ecléctico y pesado de todos sus discos. Tenían tantas canciones y diferentes estilos (a raíz de que no componían juntos) que terminó presentándose como un álbum doble.

1968 fue un año turbulento, el sueño alucinógeno del “Summer of love” de 1967 había terminado. Martin Luther King Jr. fue asesinado en Abril, al mes siguiente estudiantes y obreros se levantaban en París, Robert Kennedy era asesinado también en plena campaña, la "Primavera de Praga" era interrumpida por la invasión de la U.R.S.S., en México ametrallaban universitarios a días de las olimpiadas y Vietnam continuaba siendo bombardeada. El mundo había despertado de su quimera de paz y amor… y Los Beatles, así como su entorno, estaban día a día desintegrándose.

Creo que incluso no se podría denominar como un grupo a Los Beatles para aquella época, pues ya no actuaban de esa manera, cada uno utilizaba a los otros 3 como músicos de acompañamiento donde nadie tenía derecho a opinar sobre composiciones ajenas. Además, hubo días en los cuales ni siquiera se veían, sólo grababan su parte y se largaban.

Mucha gente le echa la culpa a Yoko, puesto que ella estuvo presente durante todo el proceso de grabación. No dejaba solo a John ni para ir al baño, aparte de tomarse la atribución para opinar y criticar las canciones, lo cual era casi una blasfemia para los demás. Sin embargo, no fue la única mujer presente, Patty Harrison y Maureen Starkey también rondaron las salas, y apoyaron con los coros en “Birthday” y “The continuing story of Bungalow Bill” donde Yoko cantó una parte. La unidad estaba resquebrajada.

Ringo fue el primero en retirarse de la banda, se sentía menospreciado y él mismo decía no estar en condiciones para tocar la batería; al cabo de un tiempo retornó porque lo necesitaban y porque no tenía nada más que hacer. George no decía nada pero detestaba que Paul se metiera con sus canciones e intentara “arreglarlas”. De hecho, en muchas ocasiones Paul tocaba todos los instrumentos y terminaba sus temas solo. Luego George llamó a Eric Clapton para grabar “While my guitar gently weeps” y así como cuando un matrimonio está destruyéndose, llega visita a la casa y todo se torna color de rosa, sucedió lo mismo con ellos. No querían que nadie se enterase de que sólo los unía un contrato.

Empero, la principal razón de su distanciamiento, y ellos también lo consideran así, fue el deceso de Brian Epstein, su manager (quien los llevó a la fama). Desde que se desató la Beatlemanía, él estuvo manejando las finanzas de los cuatro, dejándoles lo concerniente a la música. Ahora debían madurar y manejar su dinero, sin que ello vaya a destruirlos, obviamente lo consiguió.

En cuanto a la música, queda marcada la disputa por lograr la mejor canción entre Lennon y McCartney. Inclusive intercambiando papeles, mientras John componía la hermosa balada “Julia”, Paul se rayaba con la proto-metal “Helter Skelter”, y cuando Paul grababa en solitario canciones que John adoraría como “Why don’t we do it in the road?”, éste se desquitó haciendo lo suyo con el experimental “Revolution 9”, que Paul nunca quiso incluir en el álbum.

Ambos tienen temas extraordinarios, cada uno en su estilo, como “Happiness is a warm gun” y “Dear Prudence” de John, o “Blackbird” y “Martha my dear” de Paul. Y así Paul regresara al rock n’ roll de la vieja escuela en “Back in the U.S.S.R.” y “Birthday” y John se metiera con el blues en “Yer Blues” y “Revolution 1”. Quien se llevó de encuentro a ambos fue George con “While my guitar gently weeps”, y la guitarra que lloraba suavemente sin la distorsión hendrixiana de moda.

Ellos habían concebido un álbum contemporáneo, con los gritos y la estridencia necesaria como para hacer las veces de banda sonora en aquella generación decadente. Y lo más curioso era que la mayoría de los temas habían sido compuestos durante su estadía en la India con el Maharishi Mahesh Yogi mientras practicaban la meditación trascendental, y la búsqueda de la paz interior.

Así el “White Album” haya sido grabado en medio de tensión, se convirtió en un súper éxito de ventas y nadie duda sobre su calidad musical puesto que colocó a los Beatles como precursores del metal, punk, electrónico, alternativo, ska, estilos que permanecen en boga hasta nuestros días, como ellos.

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JEAN PAUL SARTRE: EL ESCRITOR EN SU ÉPOCA

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“El escritor tiene una situación en su época;

cada palabra suya repercute.

Y cada silencio también.”

Jean Paul Sartre. Qué es la literatura.


Por David Navarrete


El siglo XX constituye una época histórica que —mediante crisis políticas y económicas, guerras y revoluciones, pero también mediante enormes progresos en la ciencia y la técnica— ha ejercido en un tiempo relativamente corto, un efecto revolucionario sobre las instituciones sociales, el sistema de valores imperantes, la fe religiosa, las tradiciones y las ideologías imperantes.

Precisamente, en una época así, en donde la superestructura ideológica y los valores relacionados con ella comienzan a tambalearse y en donde incluso está amenazada la misma existencia humana; la problemática, la pregunta por la existencia humana y el problema de la soledad individual en medio de la sociedad de masas, cobra mayor importancia que nunca. A consecuencia de la industrialización y la metropolización, han desaparecido, en gran parte, las vidas tradicionales de la vida comunitaria. El hombre es víctima de una atmósfera de soledad, de irremeabilidad y de resignación, que parece aumentar infinitamente si se observa cómo el hombre produce un mundo de construcciones impersonales, el cual se sustrae siempre de nuevo de su intervención de modo que el individuo se pierde en él.

Esta atmósfera de desesperación, donde los hombres han de luchar en vano contra lo inadmisible e irracional del destino, es, como forma extrema de la alienación, una manifestación de la sociedad moderna. La literatura y la filosofía son imágenes ideológicas que reflejan esta situación: el éxito de Kafka y de Sartre, por citar sólo dos ejemplos, se explica totalmente, por el hecho de que sus obras reflejan los sentimientos y los problemas de los hombres en dicha sociedad.

En medio de esta atmósfera que revestía a todo el siglo XX, tuvo lugar una de las mentes más lucidas que ha dado la humanidad: Jean Paul Sartre. Catalina Uribe en su ensayo “Devolvamos a Sartre a su sitio”, señala lo siguiente:

“Jean-Paul Sartre es uno de los más grandes escritores que ha dado Francia y uno de sus intelectuales más críticos y controvertidos. El vigor de su lenguaje y la diversidad de sus modos de expresión, la profunda unidad de su pensamiento y su compromiso en las luchas concretas de nuestro tiempo, han convertido a Sartre en una celebridad mundial y lo han hecho acreedor de la admiración y la estima de la mayoría de quienes luchan por orientar la historia en vistas a la superación de las injusticias y la conquista de la libertad para todos los hombres.” (Revista Espéculo. Número 15)

La filosofía de Sartre representa una especie de punto de inflexión en la historia del pensamiento contemporáneo y su literatura, una bisagra entre dos épocas de la novela y el teatro francés. La obra de Sartre, por la lucidez de su pensamiento y la audacia de sus temas, constituye uno de los testimonios más representativos de su tiempo. Desde el final de la segunda guerra mundial, ningún intelectual marcó tanto su época como lo hizo él. No en vano, recién despuntado el año 2000, comenzó a ser considerado por muchos como el escritor del siglo en Francia.

Enrolado en el ejército francés en septiembre de 1939, fue hecho prisionero por los alemanes en el año 40. Durante su estadía en el campo de prisioneros en Treves, Alemania, escribió una pieza de teatro, “Baronia”, que incluso fue puesta en escena en la misma prisión. Afortunadamente fue liberado por los alemanes debido a su precaria salud. Gracias a su estatus de civil pudo escapar a París, donde se involucró con la Resistencia Francesa, y participó en la fundación del grupo de resistencia Socialisme et Liberté.

Fue en esta época que conoció a Albert Camus, filósofo y autor muy cercano a sus puntos de vista, con el que estableció una cercana amistad hasta que las disputas políticas en torno al marxismo y al llamado socialismo real, los separaron. Cuando terminó la guerra, Sartre estableció “Les Temps Modernes” (Los Tiempos Modernos), una revista mensual de análisis literario y político. En ésta empezó a escribir a tiempo completo mientras seguía con su activismo político, abandonando su carrera de profesor.

Sartre se afilió al P.C.F., aunque apenas fue miembro durante algunas semanas, y desempeñó un papel prominente en la lucha contra el colonialismo francés en Argelia. Se podría decir que fue el simpatizante más notable de la guerra de liberación de Argelia. Tenía una ayudante doméstica argelina, Arlette Elkaim, a quien hizo hija adoptiva en 1965. Se opuso a la Guerra de Vietnam, y junto a Bertrand Russell y otras luminarias, organizó un tribunal con el propósito de exhibir los crímenes de guerra de Estados Unidos. El tribunal se llamaba “Tribunal Russell”.

Con su contribución a la transformación del mundo de las ideas, Sartre ocupa un lugar importante en la historia de la cultura. Como testigo ejemplar supo manifestar, a través de sus escritos, las principales cuestiones que movilizaron a los hombres de su época. La trayectoria filosófica, literaria y política de Jean Paul Sartre es la expresión peculiar de una época, a través de la conciencia de un individuo particular, íntimamente comprometido con la historia de su tiempo. No hay duda de que la obra de Sartre no sólo constituyó la forma en la cual realizó su «apropiación» de la historia, sino que contribuyó a que los hombres tomaran conciencia de su papel de «sujetos» activos en la construcción del devenir histórico, tal como él concebía que debiera ser una historia «humana». En el texto de Germán Uribe “Sartre: un siglo”, podemos darnos cuenta del compromiso del escritor de La Náusea con su contexto, y es que no sólo escritos como “¿Qué es la literatura?” –en donde afirma el compromiso del escritor con su época– manifiestan este compromiso, sino su vida misma.

Han pasado más de cien años de aquel 21 de junio de 1905 en París, y aún de Jean Paul Sartre se sigue hablando como si este hombrecito de apenas un metro y cincuenta y cinco centímetros de estatura, y bizco por añadidura, estuviera aún deambulando por los cafés de Montparnasse, exasperando y fustigando, pero también dilucidando sobre lo divino y lo humano a quien lo quisiera oír o leer.

Las obras de Jean Paul Sartre revelan un ser humano lleno de angustia ante las circunstancias que la vida le presenta. La condena a ser libres y elegir una de las posibilidades que él se ha configurado, es una constante en sus personajes. La existencia de los personajes de Sartre precede a su esencia, Así por ejemplo: Roquetin (La náusea), Mateo (La edad de la razón), Lizzy (La puta respetuosa), Garcin, Inés, Estelle (A puerta cerrada) y los prisioneros (El Muro), son seres comprometidos. Su situación tiene límites inviolables los cuales no pueden transgredir. Ellos no pudieron ser otros aunque quisieron o desearon serlo. Por ahora están ahí libres y comprometidos, responsables y culpables.

Los personajes sartreanos son ante todo una posibilidad: la posibilidad de ser. De nadie puede decirse que “es”, sino después de muerto. Mientras existan, ellos son una posibilidad en desarrollo, viva y cambiante. Esto se debe a que su existencia no es otra cosa que ser un ser posible.

Con respecto a sus debates, son muchas las polémicas que Sartre afrontó en su vida. Entre las más conocidas están la que tuvo con el marxista húngaro Adán Schaff, con quien debatió en torno a la importancia del existencialismo dentro de la concepción marxista y la idea de esta antropología existencialista. Otro de los debates es una conferencia acerca del papel de la literatura (¿para qué sirve la literatura?). En ella, Sartre polemiza con Ricarduo y Simona de Beauvoir sobre el compromiso en la literatura. Sin embargo, según los críticos y estudiosos de Jean Paul Sartre, una —y tal vez la única polémica— que Sartre perdió fue con el marxista francés Althusser. El énfasis de Sartre en los valores humanistas de Marx, lo llevó al famoso debate con el principal intelectual comunista en Francia en 1960. Algunos dicen que éste es el único debate público que Sartre perdió en su vida, pero hasta la fecha sigue siendo un evento controvertido en ciertos círculos filosóficos de Francia. “Sartre da una conferencia en la Écoie Normale Supérieure respondiendo a una petición de Alain Badiou. Al parecer sólo un interlocutor consiguió acorralar a Sartre —pero una vez, una sola vez— en un verdadero cara a cara intelectual: este interlocutor fue Louis Althusser. El entonces director, Jean Hyppolite, cursó una invitación a Canguilhem y Merleau-Ponty; también se encontraba allí el catedrático de filosofía Louis Althusser con todos sus alumnos. Sartre habló de los ‘posibles en la historia” —según Régis Debray— y Althusser le respondió. Era éste quien mantenía una posición más dialéctica, englobando el pensamiento de Sartre. El “cogito” sartriano era, decía, difícil de mantener dentro de un planteamiento marxista de la historia. Para Debray, que entonces preparaba la cátedra de filosofía, la justa terminó con la victoria de Althusser; Canguilhem, por su parte, reparó sobre todo en la “malicia de las preguntas de los normalistas althusserianos. El debate Sartre-Althusser constituyó un acontecimiento único, que ninguno de los asistentes podría olvidar. Sin embargo, nunca fue publicado, lo que quizá sea una lástima”.

Pero sin duda el debate más difundido es el que sostuvo con Albert Camus. No queremos emitir un juicio con respeto a esta polémica, ya que temo que mi pasión por la literatura de Sartre de un ganador cuando en el fondo los únicos que ganamos fuimos los lectores de estos dos grandes titanes de la literatura. A continuación citaremos parte de la carta que Sartre le contesta a Albert Camus:

“Querido Camus:

Nuestra amistad no ha sido fácil, pero la echaré de menos. Si la rompe usted hoy, será porque estaba destinada romperse. Nos acercaban muchas cosas; pocas nos separaban. Pero aun ese poco fue demasiado, ya que también la amistad tiende al totalitarismo: hay que optar entre el acuerdo en todo o caso el distanciamiento. Hasta los que no pertenecen a ningún partido se comportan como si militaran en partidos imaginarios. No voy a repetir: así son las cosas; pero por eso justamente hubiera preferido que nuestra discrepancia actual fuera de fondo, y que no la contaminase no sé qué tufillo de vanidad herida. ¡Quién hubiera dicho, quién hubiera podido suponer que todo había de terminar entre nosotros a raíz de una disputa literaria, en la que a usted le tocó el papel de un Trissotin y a mí el de un Vadius!” (Carta dirigida a Albert Camus. Les Temps modernes. Número 82. Agosto. 1952).

Tamaña envergadura alcanzó esta personita de ojo izquierdo extraviado, fumador y bebedor compulsivo, mujeriego incorregible y abusador ocasional de barbitúricos y anfetaminas que ponía al servicio de su endiablado furor al estudio. Lo cierto es que la envergadura de Sartre no se debe a que en 1964 le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura, el cual, coherente consigo mismo, rechazó aduciendo que al aceptarlo comprometía su integridad como escritor. En fin, pueden transcurrir veinticinco, cien, quinientos años, y a Sartre siempre se le recordará, por su vida y por su obra, como lo que fue: un hombre total.

Lo atacaron en nombre de Dios y de la ciencia, de la moral y la decencia, de la juventud, de la vejez, de la derecha, de la izquierda, del conformismo ofendido, del comunismo y el anticomunismo, del honor nacional y la bandera. Lo cierto, es que jamás se dejará de hablar de Jean Paul Sartre, y la humanidad siempre seguirá leyendo a este extraordinario escritor. Los estudios de Sartre justifican su existencia eligiendo su esencia.

LOS PRINCIPIOS PRAGMÁTICOS EN EL DISCURSO DE LOS PERSONAJES DE “TIENE MIEDO EL OIDOR” DE JORGE DÍAZ HERRERA

Por Alain

Introducción

En la actualidad, uno de los enfoques más pertinentes para abordar el estudio del discurso es aquel que se fundamenta en la disciplina semiótica propuesta por el filósofo Charles Morris en la primera mitad del siglo anterior: la pragmática, sobre todo si se trata de estudiar el discurso presente en las obras teatrales.

En su sentido más amplio, la pragmática es el estudio de la comunicación lingüística en contexto y ésta se encuentra, muy bien plasmada, en cualquier texto teatral: el ambiente (contexto) y los diálogos (actos de habla o discursos) ofrecen, claramente, la sensación de estar frente a un cuadro de la “vida real”, sea ésta cotidiana o no; por ello, la representación de los mencionados textos es, casi siempre, factible[1].

Ahora bien, si la pragmática se ocupa del estudio de la comunicación lingüística en espacios y tiempos determinados, ha de ofrecer ciertas normas que los usuarios de la lengua debemos evidenciar en nuestros discursos con la finalidad de regular nuestros actos comunicativos de manera satisfactoria. Estas reglas constituyen los llamados principios pragmáticos.

En toda obra cuya finalidad es la puesta en escena, siempre y cuando muestre el uso de la palabra, es decir, el empleo del discurso (sea literario, monologal, escrito, oral, directo, indirecto, etc.), los principios de la pragmática están presentes. El asunto está en establecer qué principios aparecen en una determinada obra a diferencia de otras.

En las líneas siguientes, abordaré el estudio de la obra Tiene miedo el oidor del escritor cajamarquino Jorge Díaz Herrera desde una perspectiva pragmática, pues el discurso de sus personajes principales manifiestan la presencia de casi todos los principios de la ya mencionada disciplina.

Pragmática y sus principios en el discurso

La pragmática, al igual que la semántica y la sintaxis es una disciplina semiótica. Se la define como el estudio de las relaciones entre los signos y sus usuarios en un contexto dado e interpreta las emisiones considerando todos los elementos que participan en el circuito de la comunicación. Esto significa que la pragmática trasciende el significado lingüístico para abordar el significado referencial de los enunciados, es decir, que “se ocupa de los sentidos contextuales condicionados que se añaden al significado puramente lingüístico fruto de la gramática de una lengua” (Portolés, 23).

Uno de los aportes filosóficos más importantes referidos a la naturaleza de la relación entre los signos y sus intérpretes reside en la definición de comunicación lingüística intencional de H. Paul Grice. Para Grice, “la comunicación lingüística intencional en la que se transmite un significado no natural es el proceso por el cual un hablante, al decir X, desea comunicar una intención comunicativa concreta y logra su objetivo cuando esa intención es reconocida por el oyente” (Cit. en Van Dijk, 68).

La teoría del significado de Grice pone de relieve que lo dicho por el hablante no necesariamente codifica su intención de forma explícita.

Pues bien, el proceso mediante el cual los interlocutores identifican las intenciones del hablante implica necesariamente la realización de inferencias[2] y el éxito o acierto de las mismas, de acuerdo con Grice, se basa en diferentes principios racionales llamados máximas. Para él, la comunicación se apoya en el principio de cooperación: en las conversaciones, las personas suponemos que las demás harán su contribución “tal como se requiere, en el punto donde ocurre, siguiendo el propósito o la dirección aceptada del intercambio conversacional.” (Cit. en Van Dijk, 69)

El principio de cooperación comprende cuatro categorías universales tomadas de Kant: la máxima de calidad, por la cual decimos lo que creemos que es verdadero; la máxima de cantidad, por la cual las participaciones de los hablantes no deben ser ni menos ni más informativas de lo necesario; la máxima de modo, por la cual se requiere que los hablantes eviten la ambigüedad en sus discursos, y la máxima de relación, por la cual las personas deben ser pertinentes con sus enunciados. Todas ellas tienen la función de guiar a los interlocutores para juzgar las participaciones de los otros en la conversación y comprender lo que se dice.

Estas máximas de Grice fueron el cimiento para el desarrollo de los principios pragmáticos más conocidos: el de informatividad, el de economía, el de sinceridad, el de cortesía y el de relevancia. Todos ellos están interrelacionados, pero son los dos últimos los más importantes.

Ahora bien, en las obras teatrales podemos encontrar, casi siempre, la presencia de los primeros tres principios y Tiene miedo el oidor no es la excepción. El discurso, es decir, “la acción y resultado de utilizar las distintas unidades que facilita la gramática de una lengua en un acto concreto de comunicación” (Cit. en Portolés, 107), empleado por los personajes, manifiesta, claramente, el cumplimiento de los ya citados.

El de informatividad es un principio que señala que los mensajes presentes en nuestros discursos deben aportar datos que se suponen desconocidos u olvidados por los interlocutores; el de economía, indica que las personas deben ofrecer una cuantificación exacta de las magnitudes a las que se refieren, y el de sinceridad, sostiene que en nuestras conversaciones estamos obligados a decir la verdad. La sinceridad es inherente en todos los hablantes, puesto que cada palabra dicha es asumida como verdad. Estos tres principios están mutuamente relacionados y figuran en diferentes enunciados de los protagonistas de la obra de Jorge Díaz Herrera.

Los protagonistas de la obra estudiada son el rey Francisco de Carbajal, el oidor Zárate, la hija de éste, Teresa, y el alférez Gonzalo Blasco, y en base a ellos daremos dos ejemplos concisos que corroboran lo mencionado en el párrafo anterior. Primero, en los momentos en que el rey interroga al oidor por qué motivos no firmó a favor de Gonzalo Pizarro, emite el siguiente discurso: “Juro a Dios y a esta Cruz y las palabras de los Santos Evangelios que firmo por tres motivos: Por MIEDO, por MIEDO y por MIEDO.” (Díaz, 38), y segundo, en los instantes en que el oidor admite la relación amorosa entre su hija y Blasco, dice: “¡Hum!, conste por la señal de la cruz que conciento por tres motivos: Por MIEDO, por MIEDO y por MIEDO.” (Díaz, 67). En ambos casos, lo expresado por el oidor muestra la presencia de los principios de informatividad y de sinceridad.

Otro sencillo pero valioso ejemplo es el discurso de Gonzalo Blasco cuando Teresa lo cataloga como sargento y él le dice: “Alférez, señorita.” (Díaz, 28). Aquí, de modo exacto, nótese que el discurso en sí cumple con los tres principios ya definidos.

Hasta aquí, pareciera que no hay novedad alguna, sin embargo, Tiene miedo el oidor, como lo señalamos líneas atrás, presenta, además, los principios más importantes de la pragmática y no comunes en las obras teatrales, sobre todo en aquéllas de carácter regional. La cortesía y la relevancia constituyen estudios de profundidad en comparación con los anteriores principios y por tal razón son dos tópicos que merecen mención aparte.

La cortesía y relevancia en Tiene miedo el oidor

La cortesía[3], dentro del campo de la pragmática, ha tenido mucha difusión y evolución. Los trabajos de Erving Goffman, Geoffrey Leech, Penelope Brown, Stephen Levinson, entre otros, han contribuido enormemente a su desarrollo.

Los trabajos más resaltantes son los de Leech, Brown y Levinson, y en base a ellos abordaremos el estudio del presente.

La cortesía es el principio regulador de la distancia social (factor del contexto comunicativo que influye en el carácter y en la configuración de los enunciados, es decir, del discurso) en las relaciones interpersonales con el fin de que predomine el equilibrio, se eviten los enfrentamientos y los propósitos de cooperación lleguen a buen puerto.

Leech sostiene que la cortesía trasciende los mensajes. Ella es una propiedad de los actos de habla en sí mismos de tal modo que algunas locuciones “son inherentemente descorteses y otras, como los ofrecimientos, son inherentemente corteses.” (Gutiérrez, 111)

Desde esta perspectiva, Leech diferenció cuatro tipos de actos: competitivos, sociables o conviviales, indiferentes y conflictivos.

En este sentido, en Tiene miedo el oidor figuran los actos sociables. Blasco utiliza expresiones corteses que implican beneficios para su oyente. Por ejemplo, al decirle a Teresa: “Dígame qué debo hacer para volverla a ver. No me niegue esa dicha. Me haría el hombre más feliz de la tierra…” (Díaz, 27) o en los momentos en que se dirige hacia ella de la siguiente manera: “Nunca antes vi criatura más linda… Le juro que ninguna le llegaría siquiera a los pies… Daría todo lo que fuera por siquiera merecer una gracia suya…” (Díaz, 27). En cualquiera de los ejemplos anteriores Blasco es cortés: la galantería y elegancia que se advierten realzan la imagen de su interlocutora produciendo un clima agradable y, sobre todo, favorable para su comunicación.

Pero, ¿Qué tipo de imagen realza Blasco en Teresa? Para responder esta interrogante recurrimos a lo propuesto por Brown y Levinson. Estos autores, basándose en la teoría sociológica de Goffman sostienen que todas las personas tenemos dos tipos de imágenes: la positiva y negativa. La primera “es la preocupación de una persona por que los demás piensen bien de él o de ella, que consideren que realiza una contribución al mundo social” (Van Dijk, 83). Sin embargo, al mismo tiempo, “toda persona desea preservar cierto grado de autonomía, cierto “espacio” en el cual tener libertad de acción y el derecho a no ser coercionado. Este aspecto del prestigio, debido a que reclama el derecho a la no coerción es la imagen negativa” (Van Dijk, 83). De esta manera, podemos afirmar que la imagen que refuerza Blasco en Teresa es la positiva.

A partir de lo dicho, la cortesía, en el campo de la pragmática, toma como uno de sus puntos centrales la propuesta de Brown y Levinson, dejando momentáneamente la teoría de Leech. Ellos proponen, ya no tipos de actos sino tipo de estrategias corteses presentes en los actos de habla de los usuarios de la lengua. Estas son: estrategias de manifestación directa, estrategias positivas de cortesía, estrategias negativas de cortesía, estrategias de reserva y el acto de desentenderse.

En Tiene miedo el oidor, la cortesía está presente porque los discursos de Francisco de Carbajal expresan las estrategias de cortesía de manifestación directa y positivas. Las primeras las apreciamos en los pasajes: “… Ahora. Mi buen Jerez, déjanos solos que ya te llamaré… (Díaz, 36) y “A ver mi estimado padrecito, échele una lecturita para que el señor Oidor se entere.” (Díaz, 37). Podemos apreciar que Carbajal emite aquel discurso puesto que tiene conocimiento de que al hacerlo su imagen positiva –e incluso su imagen negativa– no se encuentra en riesgo ante el interlocutor. Los imperativos del sujeto son corteses en dicha situación porque en ella hay una relación interpersonal asimétrica, es decir, hay una jerarquía entre los interlocutores: un rey no es descortés si emite una orden a su subordinado. La cortesía positiva la notamos en: “¡Buena! ¡Buena mi buen Blasco!...” (Díaz, 34) y “¡Muy buenos días, tenga su señoría! ¡Qué linda jaulita tiene Usted! ¡Debe tener muy lindos pajaritos dentro!” (Díaz, 63). Aquí, el rey refuerza tanto la imagen positiva suya como la de su interlocutor, puesto que en su discurso felicita y saluda, cordialmente, a sus oyentes.

Por otra parte, y culminando el presente ensayo, la teoría de la relevancia fue propuesta por el antropólogo francés Dan Sperber y la lingüista británica Dirdre Wilson en un libro publicado en 1986 titulado “Relevancia”. Ellos propusieron dos modelos de comunicación humana: el modelo del código y el modelo de ostensión –inferencia. El último es el más pertinente puesto que el “proceso decodificación– descodificación puede hallar concreción en lenguajes animales y en autómatas.” (Gutiérrez, 54)

La ostensión es un comportamiento que evidencia una intención comunicativa por parte del hablante. Todo acto ostensivo conlleva una garantía de pertinencia, es decir, un valor informativo coherente que es de interés para el receptor. Éste, cuando capta voluntad ostensiva en un comportamiento del emisor, a través de un proceso inferencial, efectúa una presunción de pertinencia. Parte de la hipótesis de que ese acto ostensivo posee valor relevante y se afana a buscarle sentido.

De acuerdo con Sperber y Wilson un enunciado o emisión o discurso es pertinente y/o relevante cuando produce efectos contextuales, es decir, cuando unido a un contexto genera informaciones que no estaban ni en el enunciado ni en el ambiente, ni en el texto ni el contexto.

En la obra del escritor cajamarquino, lo anterior figura en las conversaciones de Blasco y Teresa. Por ejemplo, en el siguiente diálogo:

“TERESA

¿Sabía mi nombre?

BLASCO

Lo escuché a su padre” (Díaz, 27)

Podemos notar que Blasco responde “sí” pero indirectamente a la interrogante de Teresa y ella es conciente de ello. El asunto está en cómo ella llegó a tal conclusión. En el momento en que Blasco emite su respuesta se inicia el proceso de inferencia. Teresa busca un dato que sea pertinente para obtener la interpretación correcta de la expresión de Blasco. De entre los múltiples conocimientos relacionados con su nombre “Teresa” elige el que la conducirá a la interpretación certera: Mi padre sabe mi nombre. Al unir esta información con la respuesta de Blasco, Teresa concluye que el joven oficial le está diciendo que efectivamente sabía su nombre

Ahora bien, ¿Por qué Blasco no respondió sencillamente “sí”? Por una razón comunicativa: su respuesta es más rica en conocimiento que la simple afirmación Sí. Dice, además, que, probablemente, el padre de Teresa repite con frecuencia el nombre de su hija, que es un hombre muy atento a lo que se dice o que se percató del nombre de la muchacha por alguna razón en particular (talvés porque sintió cierto agrado y atracción desde que la vio y desea cortejarla.)

Otro claro ejemplo podemos encontrarlo en la siguiente conversación que entablan Blasco y Teresa:

“TERESA

¿Vas a luchar?

BLASCO

Una avanzada de Diego Centeno que se acerca a Lima. La compañía saldrá a darles un escarmiento a esos tercos… La gente anda un poco preocupada por esas noticias… Hay traidores que se nos van de la filas. ¡Hum! Mañana les daremos su merecido y…” (Díaz, 41)

Podemos observar claramente que la respuesta de Blasco parece violar la máxima de relevancia, según el esquema griceano, pero Teresa, tras hacer un breve razonamiento descubre su relevancia: Blasco, sí va a luchar.

Para interpretar la respuesta de Blasco, Teresa tuvo que construir un contexto más o menos como el que Blasco esperaba que construyera. En este contexto figuran ciertos conocimientos y creencias, por ejemplo que Blasco pertenece al ejército de Francisco de Carbajal, enemigo de Diego Centeno, y que la compañía de Carbajal luchará contra Centeno. De estas premisas, Teresa saca la implicatura: Blasco luchará. El contexto construido por las premisas es el subconjunto de de los conocimientos que de toda índole que probablemente posee Teresa; tal conjunto está formado por conocimientos científicos, religiosos, culturales, lingüísticos, etc., y los conocimientos que surgen de la situación, conocimientos sobre Blasco y su historia pasada, sobre por qué y cómo llegó a ser oficial, por qué le agrada la lucha, etc.

También es relevante porque, al igual que la cita anterior, el enunciado es rico en información, pues no sólo dice que va a participar en el enfrentamiento sino que además la lucha será reñida y que tiene mucha confianza en que vencerá.

Por último, podemos señalar, de manera puntual, las conclusiones siguientes:

1.- El discurso de los personajes de Tiene miedo el oidor presenta los principios de la pragmática.

2.- La pertinencia es una propiedad gradual, no absoluta.

3.- La relevancia es el principio que explica todos los actos comunicativos.

BIBLIOGRAFÍA

DÍAZ HERRERA, Jorge. Tiene miedo el oidor. Perú: Tupac Amaru. 1970

GUTIÉRREZ ORDÓÑEZ, Salvador. De Pragmática y Semántica. Madrid: Arco/Libros. 2002

PORTOLÉS, José. Pragmática para hispanistas. Madrid: Síntesis. 2004

VAN DIJK, Teun. El Discurso como interacción social. Vol. 2. Barcelona: Gedisa. 2000



[1] Obviamente, no son posibles o fáciles de representar aquellas obras que poseen excesiva carga de ficcionalidad y fantasía.

[2] La inferencia es el proceso cognitivo de carácter deductivo que extrae conclusiones a partir de la combinación de dos o más hipótesis, supuestos o premisas.

[3] La cortesía no puede interpretarse como un principio cognitivo, no hay inferencias siguiendo el principio de Cortesía. La cortesía debe entenderse como un conocimiento que pertenece a nuestra memoria a largo plazo.